Para el Máster Juan Carlos Leiva (2005), “el espíritu emprendedor puede definirse como una forma de conducta consistente en buscar oportunidades, organizar recursos para su aprovechamiento y obtener resultados de ello” (Pág.: 01, Leiva, 2005). El surgimiento de emprendedores y sus nuevas empresas es una fuente de apoyo muy valioso para el crecimiento económico y el mejoramiento social de un país. Además, resultan en un medio importantísimo de autorrealización para muchas personas; quienes ven en su propia empresa la vía para alcanzar sus metas, no solo económicas sino también personales y de vinculación social.
La palabra
Emprendedor, según el Diccionario de la Real Academia Española (2001), se
refiere a quien “emprende con resolución acciones dificultosas o azarosas” (Real
Academia Española, 2001), lo cual pone aún mayor énfasis en que lo principal a
la hora de comenzar un negocio es hacerse de la idea que no es un camino fácil,
especialmente a la hora de conseguir el dinero para la inversión inicial. En Costa
Rica, con la Ley de Banca para el Desarrollo se pretende dar un respiro a
quienes buscan emprender su negocio propio, con una idea innovadora en mente.
Pero las opciones de conseguir el capital inicial son relativamente escasas,
especialmente si se considera que para conseguir una parte de los ¢47.600
millones del fondo de Banca para el Desarrollo (Lanzas, 2008), cada emprendedor
tiene que concursar junto a los microempresarios, los pequeños y los medianos.
Por el lado de los bancos privados, en su mayoría éstos no prestan dinero para
desarrollar negocios nuevos, y para desembolsar el monto requerido solicitan, entre
otras cosas, estados de cuenta de los últimos tres años, los cuales
evidentemente no existen si se trata de un proyecto aún no desarrollado (Pratt,
2010).
Como tema
de estudio, el Emprendedurismo se ha abordado de una forma general como el
proceso por medio del cual se da inicio y se desarrollan empresas pequeñas y
medianas. Por otra parte, y desde una perspectiva particular, se define como la
fundación y el crecimiento de las empresas que generan nuevos productos para
los mercados. En ambos casos el argumento principal es que la operación de las
empresas es el factor que promueve el crecimiento económico; pero, en el primer
caso, por la formación de nuevas empresas, y en el segundo, además, por la
innovación que genera. Resulta más que evidente, entonces, la importancia que
tiene el análisis del papel y las características que posee el individuo que
inicia una empresa, o bien que inicia una nueva forma de disponer de los
recursos a su alcance, y que se conoce como Emprendedor (Morales, 2010).
En su
artículo “El Emprendedor y la Empresa”, Julio César Morales (2010) determina
que un emprendedor “no sólo es quien inicia una empresa sino también quien
genera una nueva forma de desplegar los recursos” (Pág.: 66, Morales, 2010).
Por ello, Morales (2010) distingue dos tipos de emprendedurismo:
a)
Emprendimiento
Individual, que está asociado a la creación de nuevas empresas.
b)
Emprendimiento
Corporativo, el cual se da hacia el interior de las empresas para mejorar su
accionar.
En ambos
casos, la actividad del emprendedor se relaciona con dirigir y coordinar las
actividades de los propietarios de los recursos, que dan origen a un bien o
servicio, lo que a su vez da origen a una organización. Lo anterior implica que
la empresa, como organización, no es propietaria de los recursos que despliega
y carece de poder y autoridad para asignarlos; un emprendedor está
continuamente involucrado en la renegociación de contratos con los propietarios
de los recursos, en términos aceptables para las partes involucradas y que le
permiten hacer uso de dichos recursos. Para Morales (2010), citando a Demsetz (1967),
“esta renegociación involucra un conjunto de derechos los cuales están ligados
con frecuencia a un bien físico o un servicio, y es el valor de estos derechos
el que determina el valor de lo que es intercambiado” (Morales, 2010). De esta
manera existen dos condiciones necesarias para la emergencia de la empresa:
a) Es
posible incrementar la productividad a través de la orientación de la
producción en equipo.
b) Es
económico estimar la productividad marginal observando o especificando el
comportamiento del insumo.
Morales (2010)
concluye en su discernimiento sobre este tema y apoyado por autores como Baron
(2006), Busenitz (2003), Demsetz & Lazear (2004) en su artículo “El
Emprendedor y la Empresa”, que el emprendedor posee la capacidad de innovación
y de creación de nuevas capacidades que le permiten realizar cambios en los
patrones de empleo de recursos y encontrar nuevas oportunidades para
posicionarse en los mercados; además, posee las habilidades que le permiten
combinar talentos y dirigir a otros (Morales, 2010).
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