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sábado, 13 de mayo de 2017

La Necesidad de Emprendedurismo e Innovación en las Organizaciones


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      Para el Máster Juan Carlos Leiva (2005), “el espíritu emprendedor puede definirse como una forma de conducta consistente en buscar oportunidades, organizar recursos para su aprovechamiento y obtener resultados de ello” (Pág.: 01, Leiva, 2005). El surgimiento de emprendedores y sus nuevas empresas es una fuente de apoyo muy valioso para el crecimiento económico y el mejoramiento social de un país. Además, resultan en un medio importantísimo de autorrealización para muchas personas; quienes ven en su propia empresa la vía para alcanzar sus metas, no solo económicas sino también personales y de vinculación social.
La palabra Emprendedor, según el Diccionario de la Real Academia Española (2001), se refiere a quien “emprende con resolución acciones dificultosas o azarosas” (Real Academia Española, 2001), lo cual pone aún mayor énfasis en que lo principal a la hora de comenzar un negocio es hacerse de la idea que no es un camino fácil, especialmente a la hora de conseguir el dinero para la inversión inicial. En Costa Rica, con la Ley de Banca para el Desarrollo se pretende dar un respiro a quienes buscan emprender su negocio propio, con una idea innovadora en mente. Pero las opciones de conseguir el capital inicial son relativamente escasas, especialmente si se considera que para conseguir una parte de los ¢47.600 millones del fondo de Banca para el Desarrollo (Lanzas, 2008), cada emprendedor tiene que concursar junto a los microempresarios, los pequeños y los medianos. Por el lado de los bancos privados, en su mayoría éstos no prestan dinero para desarrollar negocios nuevos, y para desembolsar el monto requerido solicitan, entre otras cosas, estados de cuenta de los últimos tres años, los cuales evidentemente no existen si se trata de un proyecto aún no desarrollado (Pratt, 2010).
Como tema de estudio, el Emprendedurismo se ha abordado de una forma general como el proceso por medio del cual se da inicio y se desarrollan empresas pequeñas y medianas. Por otra parte, y desde una perspectiva particular, se define como la fundación y el crecimiento de las empresas que generan nuevos productos para los mercados. En ambos casos el argumento principal es que la operación de las empresas es el factor que promueve el crecimiento económico; pero, en el primer caso, por la formación de nuevas empresas, y en el segundo, además, por la innovación que genera. Resulta más que evidente, entonces, la importancia que tiene el análisis del papel y las características que posee el individuo que inicia una empresa, o bien que inicia una nueva forma de disponer de los recursos a su alcance, y que se conoce como Emprendedor (Morales, 2010).
En su artículo “El Emprendedor y la Empresa”, Julio César Morales (2010) determina que un emprendedor “no sólo es quien inicia una empresa sino también quien genera una nueva forma de desplegar los recursos” (Pág.: 66, Morales, 2010). Por ello, Morales (2010) distingue dos tipos de emprendedurismo:
a)        Emprendi­miento Individual, que está asociado a la creación de nuevas empresas.
b)        Emprendimiento Corpo­rativo, el cual se da hacia el interior de las empresas para mejorar su accionar.
En ambos casos, la activi­dad del emprendedor se relaciona con dirigir y coordinar las acti­vidades de los propietarios de los recursos, que dan origen a un bien o servicio, lo que a su vez da origen a una organización. Lo anterior implica que la empresa, como organización, no es propietaria de los recursos que despliega y carece de poder y autoridad para asignarlos; un em­prendedor está continuamente involucrado en la renegociación de contratos con los propietarios de los recursos, en términos aceptables para las partes involucradas y que le permiten hacer uso de dichos recursos. Para Morales (2010), citando a Demsetz (1967), “esta renegociación involucra un conjunto de dere­chos los cuales están ligados con frecuencia a un bien físico o un servicio, y es el valor de estos de­rechos el que determina el valor de lo que es inter­cambiado” (Morales, 2010). De esta manera existen dos condiciones necesarias para la emergencia de la empresa:
a) Es posible incrementar la productividad a través de la orientación de la producción en equipo.
b)  Es económico estimar la productividad marginal observando o especificando el comporta­miento del insumo.

Morales (2010) concluye en su discernimiento sobre este tema y apoyado por autores como Baron (2006), Busenitz (2003), Demsetz & Lazear (2004) en su artículo “El Emprendedor y la Empresa”, que el emprendedor posee la capacidad de innovación y de creación de nuevas capacidades que le permiten realizar cambios en los patrones de empleo de recursos y encontrar nuevas oportunidades para posicionarse en los mercados; además, posee las habilidades que le permiten combinar talentos y dirigir a otros (Morales, 2010).

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